Llevo
un tiempo detrás de la fórmula mágica que consiga que mi hija de seis años
sienta pasión por leer libros.
Después de mucho trajinar e investigar; sin ser en absoluto una experta, he
sacado en claro que son necesarias
ciertas pautas para lograrlo. Siempre partiremos de la premisa de que todos
los niños no son iguales (¡y viva la diversidad!). Aunque nos empeñemos,
no tienen por qué funcionar los mismos métodos para todos. Uno se da cuenta cuando tiene más de un hijo y salen completamente distintos pese a
haber utilizado el mismo tipo de educación y crianza. Nos olvidamos que los
niños tienen su propio carácter y eso es parte fundamental de su evolución como
persona. No todo depende de la forma en que les eduquemos o las pautas que les
inculquemos. Sería horrible pretender que todos los niños fueran igual de extrovertidos,
competitivos, aplicados, valientes y obedientes como tampoco pueden ser todos
altos, atléticos, rubios y adorables (¡ni falta que hace!).
«Sabemos que leer y poder disfrutarlo es muy importante. La
lectura nos ayuda a ser más cultos, a comprender el mundo, aprender, ampliar
nuestro vocabulario, mejorar la ortografía, entre otros. El rechazo hacia la
lectura es un gran problema en niños de todas las edades. El hábito de leer
comienza desde que somos pequeños».
Vamos
allá con las tácticas que pueden hacer que nuestros hijos compartan nuestra
pasión por los libros:
1. Nosotros
somos su ejemplo.
Lo veo en mi hija cuando parece un monito de repetición utilizando las mismas
expresiones que utilizo yo, lo que me recuerda que debo ser más moderada a la hora de hablar delante de ella. El caso
es que, el que los niños vean a sus
progenitores leyendo hará que ellos también adquieran esa rutina. Los
acostumbramos a compartir horas delante de un televisor (es esa cosa cuadrada
que está en el salón ¿no?) y no frente a un libro. Pues lo acertado sería
reducir esas horas y seleccionar al menos una diaria para leer juntos. Al
principio, sobretodo si son muy pequeños, las
lecturas serán conjuntas. Podemos leer en voz alta los adultos, luego un
párrafo cada uno y más adelante que lo lea él solo en voz alta.
«Leer en voz alta en
grupo transforma un ejercicio intelectual en una experiencia social. Cuando nos
leemos (sin las presiones del estudio, la memorización, etc.) activamos tres
funciones básicas: nos comunicamos, nos entretenemos y aprendemos.
Este «comunicarse» en
familia mediante la lectura es muy válido para reforzar el vínculo afectivo. Se
trata de un estar juntos, una forma de relacionarse, de compartir. Durante la
infancia esto es lo primordial, y una buena forma de trabajar la autoestima del
menor.»
Claro
que esto por si solo no funciona.
2. Alentar
no obligar. Sí, es
difícil inculcar a los niños la lectura si les obligamos a hacerlo porque “es
lo mejor para ellos”. Tienen alma de rebeldes y la lectura obligada se
convierte en algo tedioso y poco atractivo a sus ojos. Está en nuestras manos que les resulte divertido y sobretodo que
puedan elegir los libros que quieren leer. Lo veo en mi hija a la que
siempre ha gustado ojear libros. Desde que en el colegio le obligan a leer uno a
la semana que ellos mismos le proporcionan, leer ese libro supone un calvario y
una lucha acuartelada. No ha habido método más efectivo para que no quiera
leer. La lectura debe ser un juego y algo divertido, por lo que deberíamos desvincularla
totalmente de los deberes del colegio que ya resultan excesivos y no les
incentivan en absoluto.
«Respetar sus derechos
como lector. Daniel Pennac, en su libro Como una novela, expone los diez
derechos del lector, entre los que destacaría en estas edades el derecho a leer
lo que le guste (aunque no sea de gran calidad literaria), el derecho a no
terminar un libro (¿tú acabas una novela que te aburre?), el derecho a saltarse
páginas, a leer en voz alta y a callarnos (¿a ti te gusta que te pregunten qué
has entendido del libro que estás leyendo?)».
3. ¿Qué hacemos para que la lectura
resulte como un juego? Premiarles con libros
cuando hagan algo bien; regalarles libros en cumpleaños y navidades en vez de
tantos juguetes; visitar librerías y bibliotecas y que se pierdan entre los colores y las hojas de la sección infantil; que ellos
mismos elijan que quieren leer (tú libro favorito de niño tendrá que esperar),
que participen en actividades de animación
a la lectura y también que reciban los
libros o revistas por correo. ¿Alguna vez habéis visto sus caritas
expectantes cuando abrís el buzón? Pues sí, esperan su propio sobre sorpresa.
Les hace especial ilusión, pero siempre son aburridas facturas para adultos.
Apuntarles a una colección para que la reciban cada mes o hacerlo vosotros
mismos y que lleguen desde cualquier tienda online. ¡Demos trabajo a correos y quejémonos
cuando se retrase un paquete!! ¡Viva la tradición!
«Inculcar a nuestros
hijos el amor por la lectura quizá sea uno de los mejores regalos que podemos
hacer a la progenie. La lectura favorece un mejor desarrollo afectivo y
psicológico en los niños, les da la oportunidad de experimentar sensaciones y
sentimientos con los que disfrutan, maduran y aprenden; con los libros ríen,
sueñan y viajan a otros mundos; comparten momentos gratos en familia reforzando
así el vínculo con los padres... En definitiva, con la lectura los niños crecen
en todos los sentidos».
4. Animarlos
a escribir, hacer teatros sobre sus libros preferidos en casa (sí, con
disfraces y maquillaje) e inventar cuentos e historias. Reconozco que este apartado lo
tengo fácil con mi mono de repetición. Como mamá escribe, ella también lo hace.
Además, dibujamos los personajes y pegamos las hojas con grapas para que
parezca un libro de verdad. De vez en cuando utilizamos un juego que resulta
muy divertido para ella y muchas veces desternillante para mí; además, de
inspirador (y gratuito y muy limpio) que consiste en inventar historias
utilizando un verbo y un sustantivo que nada tenga que ver entre ellos. Se
eligen al azar escogiendo dos números, primero los pares y luego los impares (y
ya están aprendiendo algo nuevo mientras juegan). Por ejemplo:
1. Duende
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2. Adoptar
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3. Mariposa
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4. Reír
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5. Llave
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6. Cantar
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7. Sopa
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8. Comer
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9. Paraguas
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10. Ladrar
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11. Balón
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12. Tropezar
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13. Reloj
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14. Refrescar
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15. Jardín
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16. Brillar
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17. Coche
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18. Decorar
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19. Farola
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20. Compartir
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Mi
monito eligió el 7 y el 18, y salió esto: Un hombre se comió una sopa y se puso
a caminar. Se encontró con un árbol, y como estaba muy soso lo decoró con bolas
porque era navidad.
Este
juego le encanta y su imaginación no tiene límites.
No
olvidéis que los libros deben ser apropiados para su edad. Si el texto les resulta
demasiado complicado es difícil que despierte su interés. El quijote tendrá que
esperar…
Y
muchas dosis de paciencia porque tus hijos no son como tú. Reconozco que a veces me
frustra que no sienta esa pasión por la lectura que tenía yo, pero yo tampoco
tenía las miles de alternativas de ocio de las que disponen ellos ahora. Espero
que poquito a poco descubra que nada es comparable ni tan mágico como leer un
libro.
¿Y
vosotros? ¿Tenéis dificultad para que vuestros hijos lean?

