Asunto: Reunión
Aurora, querida. Necesito que te
presentes en mi despacho a última hora.
Asunto: Informe
Adjunto documento detallado con los
hechos ocurridos anteayer en el despacho de González y que estoy determinado a
calificar como acoso sexual con el empeño, de que estas prácticas e
insinuaciones, terminen por parte del letrado. Reitero que lo lea y lo firme
para garantizar su conformidad.
No permitiré este tipo de prácticas
dentro de este bufete. Y a título personal, Aurora, y debido a la amistad que
nos une, tengo que amonestarla por no habérmelo comunicado antes. Si no fuera
por la poca contención de la lengua de Elena, este comportamiento deshonroso
del letrado hubiera salido impune. Si le preocupaba perder su trabajo, tiene
todas las garantías de que eso no ocurrirá. Llevamos demasiados casos,
excesivos, de esta naturaleza y sabemos de qué pie cojean. En este caso y en
esta oficina, su palabra (y la de mi mujer) tienen mucho más peso que la
incoherente y pusilánime defensa del letrado González. Por ahora, lo único con
lo que puedo proceder es con su traspaso tras una severa amonestación. La
empresa quiere arreglar este entuerto con
absoluta discreción, pero en caso de que estuvieras dispuesta a llevarlo hasta
lo penal, tendrías mi apoyo.
Asunto: No me lo puedo creer.
No puedo creer que te sobara el culo y
te metiera la lengua ¡qué asco! Se cree irresistible ¿en qué mundo o qué época?
Porque ahora mismo los neanthertales no salen precisamente en las listas de los
solteros de oro. ¡Qué le debías una por haberte dado el caso mostaza! ¿Pensaba
cobrárselo de igual manera a Leo? ¡Por supuesto que no! Él consiguió el proceso
por méritos propios, pese a llevar mucho menos tiempo en esta oficina. Nadie ha
trabajado tanto en este bufete como tú.
Le oí justificarse ante el jefe alegando
que si no querías que te malinterpretara, debías llevar faldas más largas y
camisas menos ajustadas. ¿En serio? Estoy tan cabreada.
Asunto: Me siento como un patán.
Solía presumir de ser una persona cabal,
prácticamente de un comportamiento intachable, pero desde que has interrumpido
en mi vida empiezo a poner esas cualidades en duda. Primero con la lectura de
una carta que creía personal, luego bromeando sobre las chanzas de mal gusto de
González. No sé cómo disculparme. Desconocía el alcance de sus provocaciones y
condeno de forma profunda su comportamiento. Creo que eres una gran profesional
y mi admiración en ese aspecto no tiene fin. Eso no quiere decir que no me
deslumbres en otros aspectos; sin embargo, mencionarlos en este momento estaría
fuera de lugar.
En cualquier caso, quería agradecerte
esa refinada y aguda explicación sobre la exacta tonalidad del color mostaza
con la mancha que dejaste claramente visible sobre mi camisa. No acabo de
encontrar desafortunado, el que ese bote de condimento estuviera abierto en el
momento que tropezaste frente a la puerta de mi despacho. Gracias a ello he
podido ver, oler, tocar y degustar un color que hasta ese momento desconocía o
ignoraba deliberadamente. Perdona mi poca audacia, pero ahora me pregunto qué
diferencia hay entre el color amarillo huevo de toda la vida, el arena, el
camel, el tierra y este mostaza tan requerido.
No te sientas en la obligación de
mostrármelo con ejemplos comestibles de nuevo, excepto si se diera la situación
de esta conversación durante una cena.
Leo.
Puede ser que Leo me haya invitado a
cenar. ¡Maldita sutileza!
