El
año pasado me propusieron participar en una antología solidaria con un relato que
comprendiera una historia de amor, ya que su publicación iba a coincidir con el
día de San Valentín.
Era
la primera vez que participaba en algo de este estilo, y que los beneficios
estuvieran destinados a un niño solo acrecentaba mi ilusión por cooperar con
este libro.
Ahora
os hablaré de Cristian. https://www.facebook.com/groups/Todos.con.Cristian/
Este niño de 9 años padece […] Sindrome
de Angelman, Microcefalia con posibilidad disgenetica, encefalopatia connatal,
tetraparecia connatal,hipotiroidismo, avitaminosis que inhabilita la reaccion
de fosforilización lo que conlleva a una mala absorción de vitaminas afectando
al metabolismo y la tolerancia al estrés, miopia disfusa, sistema inmunologico
debil que con una neuropatía perinatal cualquier causa puede aparecer
mecanismos autonocivos sobre el sistema nervioso, afectando a su evolución,
hiperactividad, epilepsia y un retraso madurativo importante.
Yo
siempre que pienso en él, lo hago como madre. Y sé que no hay nada que no sería
capaz de hacer por mis hijos, pero a veces los recursos dentro de las familias
no son suficientes, y ya sabemos que hoy por hoy no se puede contar con las
ayudas del gobierno, así que ¿qué hacer en caso de no disponer de los medios
suficientes para proporcionarle a un hijo un tratamiento que mejore su calidad
de vida o su salud? ¿Os imagináis ese dolor? ¿Tener que recurrir a desconocidos
y confiar en la buena voluntad de las personas? ¿Creerías tú en tu ayuda?
Esto
no trata de poner una bonita foto en las redes de una cadena que en realidad no
ayudará a nadie, y tal vez esta acción no suscite tantos me gusta, pero seguro
que será más efectivo.
Cristian
necesita ayuda y a nosotros solo nos supone dos cafés menos si compramos el
formato electrónico de esta antología. Además, no será un gasto en balde. Como
recompensa por nuestra solidaridad nos llevaremos 17 relatos.
El
mío comienza así…
A.
V. San Martín
PEQUEÑOS
ENCUENTROS,
GRANDES
ACONTECIMIENTOS
Termino de ponerle guapo.
Tiene nueve meses y es muy difícil
que no lo esté, al menos a mí me parece el niño más adorable del mundo; sin
embargo, hoy le acicalo con especial atención porque, hoy, es el día.
Peino su casi inexistente pelo hacía
arriba en una pequeña cresta y sonríe
como si fuera consciente de mi pequeña trastada. Automáticamente suelto una
carcajada. Él apacigua todos mis miedos y remienda las brechas que más dolieron
desde que supe que estaba embarazada.
Y tal vez su concepción en un coche
una noche loca con un apenas conocido del que ni siquiera sabía su nombre no
fuera ideal, pero mi hijo es el ejemplo de que a veces de las pequeñas y más insignificantes
circunstancias acontece lo más extraordinario, y sí, hubiera preferido que
naciera en un entorno familiar estable con una figura paterna a su lado, pero
ahora mismo, no hay nada que esas manitas buscando mi cara o esa risa
burbujeante no puedan curar.
Puede que no fuera concebido por
amor, pero a él nunca le faltará el de su madre.
En cuanto a su padre ¿quién sabe?
Gael, «sí, ahora sé su nombre», era
una presencia constante en el vagón del metro que yo cogía todos los días para
ir al trabajo. Supongo que me fijé en él más que en el resto por ese aire
despreocupado e indolente con el que se apoyaba sobre la puerta cerrada.
Todo parecía transcurrir en un
movimiento ensordecedor a su alrededor: el paisaje a través de las ventanas,
los pasajeros entrando y saliendo, las conversaciones, los bostezos, las
miradas recayendo sobre el compañero de asiento, menos él.
Él era la figura más discreta, pero
a la vez más imponente de todo el vagón.
Su mirada oscura, su pelo revuelto,
su barbilla cuadrada, brazos cruzados, piernas largas. Eso era Gael y parte de
él está en mi hijo.
Nunca tuve aspiraciones románticas
con él, al menos, no entraba en mis planes porque entonces yo mantenía una
relación de varios años, aunque esta comenzaba a tomar un cariz más bien aciago
y lamentable.
Su punto más trágico llegó con la
infidelidad. No la mía, la de él. Gael fue un desquite, una cura para una
traición y un consuelo para un corazón herido. Una locura pasajera que empeoró
con la consumición imprudente del alcohol…
Si
quieres terminar de leer este y otros relatos pincha sobre la imagen y gracias
por tu generosidad.
